Andorra-Sierra de Arcos

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Logo de la Comarca
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Las comarcas son entidades territoriales, creadas por ley, que confiere una determinada identidad política a los habitantes de la misma basada en la especial vinculación geográfica, lingüística, histórica y/o cultural de los municipios que la integran. Estos siempre son limítrofes, pertenecen a una misma Comunidad Autónoma y sus representantes son elegidos, aunque indirectamente, por los ciudadanos de dicha circunscripción, teniendo unas competencias definidas por la ley. El objetivo de una comarca política es acercar la Administración al ciudadano y permitir un desarrollo en común, en materia política, social, cultural y económica.

La comarca Andorra-Sierra de Arcos, constituida oficialmente el 14 de mayo de 2002, es una de las comarcas más pequeñas de Aragón, pues está compuesta por nueve municipios: Alacón, Alloza, Andorra (la cabecera), Ariño, Crivillén, Ejulve, Estercuel, Gargallo y Oliete. Limita al norte con la comarca del Bajo Martín, al oeste con la de Cuencas Mineras, al sur con la del Maestrazgo y al este con la del Bajo Aragón. Los dos ríos principales que recorren la comarca son el Martín y el Escuriza. Superficie: 675,1 km2. Población en 2007: 11.333 habitantes (según datos del Padrón Municipal a 1 de enero de 2007).

Contenido

Medio físico

Mapa geológico de la comarca Andorra-Sierra de Arcos. Fuente: elaborado a partir de los mapas geológicos de España, 1:50.000, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).
Mapa geológico de la comarca Andorra-Sierra de Arcos. Fuente: elaborado a partir de los mapas geológicos de España, 1:50.000, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

Casi todo el territorio que ocupa la comarca Andorra-Sierra de Arcos forma parte de la Rama Aragonesa de la cordillera Ibérica, que se extiende desde la meseta hasta la plataforma del Mediterráneo, con una dirección dominante noroeste-sureste y solo una pequeña parte de ella, al norte de Andorra, corresponde a la depresión del Ebro. Geológicamente, ofrece un muestrario muy diverso de rocas formadas en los últimos doscientos millones de años que hacen que esta sea una zona de enorme interés geológico. Esta gran diversidad tiene mucho que ver con la situación de la comarca durante todo el Mesozoico, en un área transicional, próxima al mar en ocasiones o cubierta por él en otras, lo que determina que para cada momento geológico los ambientes que reinaban en ella podían ser muy diferentes.

Relieve[1]

Las formas de relieve del paisaje de la comarca son el fruto de procesos erosivos ocurridos en los tiempos geológicos más recientes, al final del Terciario y en el Cuaternario, cuando el levantamiento tectónico de la región hizo que la red fluvial reaccionara encajándose. También quedan formas de relieve heredadas que se originaron en épocas anteriores, como es el caso de la superficie de erosión fundamental, apreciable al sur de Gargallo y en Ejulve. Se trata de pequeñas altiplanicies, vestigios de una época (hace 5 millones de años) en la que toda la región presentaba un paisaje casi llano, con una altitud sobre el nivel del mar de pocos cientos de metros y que había sido el resultado de los procesos erosivos desencadenados a partir de los relieves creados en la orogenia Alpina. La superficie de erosión fundamental completó su desarrollo en una época de relativa calma tectónica, a finales del Terciario, de forma que los pliegues, cabalgamientos y fallas que deformaban las capas mesozoicas y terciarias fueron en gran parte desmanteladas y arrasadas bajo dicha superficie. Al final del Terciario y durante el Cuaternario se produjo un levantamiento de toda la región que elevó la superficie de erosión fundamental. Los montes más altos como Majalinos (1.528 m) son, sin embargo, relieves residuales que no habían quedado completamente arrasados.

Los ciclos climáticos fueron muy marcados en el último millón de años, alternando épocas intensamente frías (glaciaciones) con otras más cálidas. Siguiendo estas fluctuaciones climáticas hubo épocas en las que los ríos rellenaron los valles de sedimentos, y otras, con mayor poder erosivo, en que se encajaron dejando sus antiguos depósitos «colgados» a cierta altura sobre el cauce, dando lugar a terrazas fluviales. En el río Martín se pueden apreciar cuatro terrazas en algunos tramos. Enlazando con las terrazas se desarrollan superficies en suave pendiente, los glacis, modeladas por las aguas de lluvia. Algunas veces aparecen adosadas a los relieves, como el glacis de acumulación que recubre una amplia zona de la ladera norte de la Sierra de Arcos, en Andorra, constituida por conglomerados no cementados en suave pendiente hacia el noreste.

Las formas de relieve originadas por la erosión están condicionadas básicamente por dos factores: la composición de la roca y la inclinación de los estratos:

  • Respecto a la composición, las rocas fácilmente disgregables, como lutitas, arcillas, margas o arenas sin cementar, dan lugar a vaguadas y suaves laderas. Son los paisajes formados, por ejemplo, sobre las margas y arcillas del Keuper o sobre las arenas y limos de las formaciones Escucha y Utrillas del Cretácico inferior. Las más resistentes, como conglomerados, areniscas, calizas y dolomías, se erosionan con mayor dificultad y dan lugar a escarpes, resaltes, abrigos y cañones en los cursos fluviales: por ejemplo, el barranco del Mortero en Alacón sobre calizas del Jurásico superior. A su paso por estos materiales, los ríos Martín y Escuriza forman estrechamientos, cañones y cascadas, como las del río Escuriza sobre calizas del Jurásico en Las Calderas de Gargallo. Un caso especial son las formas kársticas sobre rocas calizas, que se disuelven fácilmente por el contenido en CO2 del agua. Por las grietas y fisuras de estas rocas va penetrando el agua, disolviéndolas progresivamente hasta formar simas y cavernas. En la Comarca Andorra-Sierra de Arcos, las rocas más favorables para la karstificación son las calizas del Jurásico y del Cretácico superior. Hay ejemplos muy interesantes como la Sima de San Pedro en Oliete y la cueva del Recuenco en Ejulve.
  • El otro factor determinante de las formas de relieve es la disposición de los estratos. Cuando están horizontales o subhorizontales dan lugar a relieves tabulares como las mesas o muelas, que son cerros coronados por un estrato resistente, y los cerros testigo, de menor tamaño. Ejemplos destacables son los Montalvos de Alloza, el Piagordo de Andorra y la Muela de Gargallo. Si la inclinación de las capas es moderada se originan relieves en cuesta, formados por suaves pendientes escalonadas, que corresponden al techo de los estratos más duros. El Monte Pico de Andorra, de materiales paleógenos, es un ejemplo de este tipo de relieve. Cuando las cuestas son cortadas transversalmente por barrancos, las capas quedan separadas en elementos triangulares denominados chevrons, como los que se pueden apreciar en Ariño en la ladera sur de la Sierra de Arcos sobre la que se asienta el pueblo. Por último, si están verticales, la erosión produce crestas, relieves muy escarpados sobre las capas duras, como ocurre en algunos puntos de la sierra de Ejulve.

Paisaje y clima[1]

Entre los más de 1500 metros sobre el mar de Majalinos y los menos de 400 de los estrechos del río Martín en Ariño, el declive no es constante, sino escalonado, merced a la presencia de las dos estructuras montañosas que, paralelas entre sí, la atraviesan en dirección NW-SE: la Sierra de Arcos y la de los Moros, separadas por las depresiones de Alacón-Oliete, la de Ariño-Andorra y la cubeta de Alloza, que se intercalan entre ambas sierras como para permitir un respiro entre tanta escarpadura.

La extensa meseta arcillosa de Gargallo-Los Montalvos organiza el paisaje en la zona oriental, que termina en un escalón en cuya contrahuella, al abrigo de San Macario, se encuentra Andorra, cabecera de la comarca. Al noreste de la alineación Cerero-Horca Llana, la suave pendiente del llano de la Chumilla se abre al horizonte distante del Ebro, al que envía su emisario, el Regallo. Escuriza arriba, el terreno es cada vez más montuoso, hasta llegar a los Altos de Ejulve, que sirven de límite con la cuenca del río Guadalopillo, siendo una representación a escala de las extensas parameras que alcanzarán gran desarrollo en el corazón del sistema Ibérico. En sus primeras leguas hacia Molinos también corre encajonado el Guadalopillo, dando lugar a parajes estrechos y agrestes . Hacia el sur, altas tierras de más de 900 metros de altitud terminan por despeñarse en el Guadalope por el barranco de los Degollados y los Órganos de Montoro, ambos fuera ya de nuestra comarca.

Esta disposición topográfica se ve enriquecida paisajísticamente por los cursos fluviales del Martín y del Escuriza, que cortan de través, por lo más difícil, ambas sierras, dando lugar a cañones (hoces) de cierta espectacularidad, que son por sí mismos enclaves ecológicos y paisajísticos de gran interés. Por todas partes, los sondeos, las canteras y las explotaciones mineras abren ventanas por las que mirar indiscretamente a las entrañas de la tierra. Las rocas son aquí un paisaje por sí mismas.

En cuanto al clima, hay suficientes diferencias como para establecer tres zonas microclimáticas: la de Ejulve-Gargallo, la de Crivillén-Estercuel y la situada al norte de la Sierra de los Moros. Las precipitaciones más altas corresponden a la primera zona, y las más bajas, a la depresión Ariño-Alacón-Oliete. Entre ambas zonas hay diferencias de más de 100 litros anuales por metro cuadrado. Respecto a las temperaturas, las más altas se registran en la tercera zona y las más bajas, en la primera. Estos datos se corresponden con la compartimentación geográfica que se ha definido más arriba.

Notas y referencias

    Bibliografía

    Alquézar Penón, Javier y Rújula López, Pedro (coords.), Comarca de Andorra-Sierra de Arcos, Zaragoza, DGA, 2008. col. Territorio 31.

    Rubio Terrado, Pascual, "Sobre comarcalización y comarcas. ¿Adaptación o reelaboración del sistema territorial a escala local?", BCI (Boletín de Cultura e Información) n.º 3, Andorra (Teruel), CELAN, 2002, págs. 10-11.

    Tejedor, M.ª José, Carbonell, Vicente y Soriano, Javier, "El proceso de comarcalización, ¿Una apuesta de futuro?", BCI (Boletín de Cultura e Información) n.º 3, Andorra (Teruel), CELAN, 2002, págs. 12-13.

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